DEBATE SOBRE LA LEY DE SEMILLAS EN LA COMISION DE AGRICULTURA

DEBATE SOBRE LA LEY DE SEMILLAS EN LA COMISION DE AGRICULTURA

Debate sobre Ley de Semillas: Intervención completa Diputado Luis Contigiani en debate Comisión Agricultura

Desde 2003 en adelante he visto varios proyectos e intentos de reformar la Ley de Semillas. Recuerdo un absurdo, como fue pretender imponer el sistema de regalías global, que era cobrar un porcentaje sobre la producción nacional y trasladárselo a algunas multinacionales. Recuerdo proyectos de ley que eliminaban o adherían al acta UPOV 91, que claramente es un acta que se corre a la frontera del derecho de patentes, alejándose de las nociones del derecho de variedades en innovaciones vegetales, como marco jurídico para el tema vegetal. Eliminando la actual adhesión de la Argentina al acta UPOV 78, que yo suscribo y que creo -porque defiendo un concepto del desarrollo de variedades- tenemos que seguir en esa línea.

He visto proyectos inclusive del gobierno anterior, que en las contradicciones que todo gobierno representa, casi que eliminaban el uso propio. Recuerdo que si no era por Julián Domínguez y la corriente política Canpo, había un proyecto de ley del gobierno anterior, que planteaba el uso propio sólo para la agricultura de subsistencia.

¿Que me parece a la vuelta de esta situación, teniendo en cuenta esta historia? ¿Cómo veo este proyecto hoy? Yo creo que hay aspectos positivos y negativos. Estamos ante un proyecto de ley que intenta, frente a todas las versiones anteriores, intenta poner equilibrio o buscar consenso. Tiene esa virtud. Usted, señor presidente, es el que más cerca está de lograr algo que la Comisión de Agricultura no ha logrado desde 1983 a la fecha. Por eso también le pido – así como hago un reconocimiento- la inteligencia política suficiente para no malograr esta instancia histórica, para tener un nuevo marco jurídico para la ley de semillas. Tomarse el tiempo suficiente, no apurarse, ni dejar que se entrometan intereses ajenos a la política. Tratar de tener la buena fe necesaria para que tengamos por primera vez una reforma a la actual ley de Semillas y demos al país la señal que queremos dar.

Dicho esto, creo que hay cuestiones que se avanzaron, que son importantes. Introducir el concepto de semillero multiplicador, es muy importante. Es reconocer un entramado de cooperativas, en los pueblos pequeños, que hacen una labor en semillas, muchas veces no reconocida, en haras de un mejor mercado de semillas y la fiscalización.

Pero además importante en términos de mantener la multiplicación en origen, con el poder germinativo lo mejor posible. Y estamos hablando de cooperativas, en pueblos de 5 a 7 mil habitantes, en el núcleo agrícola del país. Son centenares y se reconocen en el proyecto.

Se puede discutir también el uso propio. Esto no me lo enseñó la teoría, sino la práctica. Al uso propio hay que replantearlo. Yo quiero un uso propio gratuito para el pequeño y mediano agricultor. Porque el uso propio nace en la historia de la agricultura, como un reconocimiento al aporte del agricultor en ocho mil años de historia, en el desarrollo de semillas. Por eso está en el uso propio la posibilidad de volver a usar la semilla una segunda y tercera vez. Por eso el uso propio tiene que seguir estando, como derecho y no como excepción. Eso está en el proyecto. Y está bien. Ahora, también hay que hacerse cargo que la revolución tecnológica, modificó el sujeto agrario. Esto lo decía Giberti en sus últimos años de su vida. Cuando decía, “hay una transformación social agropecuaria en la Argentina, a partir de la revolución tecnológica”. Y el 20 por ciento de las empresas, hacen el 80 por ciento de la producción. ¿Ellos deben tener uso propio gratuito? No!! Hagámonos cargo. Defendamos el interior, nuestras cooperativas, las empresas que desarrollan germoplasma. Ahí está la soberanía, en el germoplasma, no en el evento biotecnológico. Si no las defendemos, se nos funden y se extranjerizan. Defendamos eso. Ese tiene que ser el espíritu de la Ley de Semillas. Hacia una revolución de variedades en la Argentina, con adaptabilidad climática en todas las zonas, respondiendo no sólo a los herbicidas, sino a otras respuestas de salud, agronómicas, como así también el cambio climático. Porque la Argentina, gracias a Dios es muy diversa.

Yo pongo siempre un ejemplo. Brasil negocia con Monsanto. Yo soy muy crítico de Monsanto. Pero, ¿desde qué lugar negocia Brasil? Desde un poderío de variedades enorme. Yo también negociaría desde ese lugar, si soy dueño de una estructura de germoplasma importantísima. En la Argentina, ¿desde qué lugar negociamos? Desde una pobreza muy grande en germoplasmas. Entonces no hay negociaciones, sino imposiciones. Hay que terminar con eso, en haras del bien público, del bien estratégico argentino.

Hay una base ahí. Se puede discutir, pero garanticemos uso propio gratuito al agricultor tradicional y los que no los son -los menos pero los más importantes en toneladas- que paguen el uso propio de semillas.

Hay otro avance, señor presidente. El artículo 3, tiene una incorporación a la actual ley de semillas que es el artículo 24 bis y dice que el precio que abone cualquier adquirente de semillas por la misma o por el uso propio, cuando corresponda, “dará por satisfecho todos los derechos de propiedad intelectual”. Yo leo ese artículo, encadenado al artículo 2, cuando habla de regalías, en su inciso X Y dice: “Se debe pagar un cánon al obtentor, el dueño de un germoplasma, al que desarrolló variedades, al semillero multiplicador. Y el derecho de patente a la empresa que origine eventos o genes modificados”. Yo leyendo esto, interpreto que en forma automática Monsanto tiene que terminar con la comercialización y la introducción de tecnología vía el Código Civil, que es un disparate. Además de ser contratos leoninos los que establece. Entonces me surge una pregunta, señor presidente, desde la voluntad y la buena fe de poder sacar entre todos adelante una reforma. ¿A partir de esto, Monsanto tiene que finalizar con los contratos privados? Si es así, estamos en un mejor escenario, sino estaríamos ante el peor de los escenarios. Porque estaríamos sancionando una ley que es sólo para una parte de la cadena, pero no para esta multinacional. Por eso creo todos los actores se tienen que encuadrar en la Ley de Semillas, por eso es importante el orden público en el artículo 27 y 24 bis entre otros. Así nadie en forma privada puede desconocer los alcances de la ley. Porque la semilla, además es un bien estratégico nacional. La semilla hoy en la Argentina es en términos geopolíticos, lo más importante para el país. Y ahí, se juega mucho el concepto de soberanía teconológica y futuro. Por eso, lo que hago es una pregunta, pero también digo que si llegara a ser así, en la idea de que no estaríamos encuadrando a la multinacional, estaría mi negatividad respecto a esto. Y estaríamos malogrando esta oportunidad y quedaríamos muy expuesto sancionando una ley para el país, pero no para Monsanto. Porque hay que ponerle nombres propios a esto. Es lo que está en juego.

Señor presidente, para finalizar, en relación al INASE, coincido con usted en cuanto a que todos los proyectos hemos establecido que la Argentina necesita una autoridad pública autárquica, para controlar la cadena de semillas. Para no encerrarnos sólo en lo público, ni tampoco en lo privado. La actual estructura del INASE no puede hacer eso. Por eso tenemos que tener la decisión política de llevar al INASE al lugar en el que tiene que estar. De lo contrario, no va a poder ponerse la camiseta, ni los pantalones de árbitro. En segundo lugar, las facultades que se le dan frente a AFIP, y de poder entrar y hacer los controles necesarios, hasta de poder meterse en un campo a analizar sin pedir permiso una semilla, tiene que ser por un interés público.

Presidente, estamos discutiendo también otros aspectos, pero hay algo importante, que vuelvo a ratificar. Es necesario que hagamos todo lo posible, para no malograr este camino que hemos iniciado. No caigamos en este tema, tan sensible, en grietas que nos dividan y contemplemos a todos: agricultura campesina, la agricultura familiar, los pueblos originarios, los productores pampeanos, tratemos digo de encontrar los tiempos necesarios. Si se da un escenario de sospecha sobre este proyecto, vamos a malograr el camino. Si es un proyecto de ley desequilibrado, estaríamos malogrando esta oportunidad. Este es mi apelación en haras de las Pymes, de las cooperativas, de un INTA que sea forjador de una revolución de variedades a partir del Estado, de una tecnología en manos de las universidades y el sector público, a partir de una revolución tecnológica que empodere al pequeño y mediano productor, y vuelva a hacer que la Argentina pueda pelear, un momento que lo está pidiendo el sector y toda la Argentina.

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